lunes, 25 de julio de 2011

Poemas de Australia


Ecos de... Universal Resonancia

"Estos días azules y este sol de la infancia”… que proyectan
inocencias en las almas mas blancas, traspasando neblinas
y con candencia humana... Cantando Libertades, por siempre
han unido... mi Uruguay e Hispanoamérica a Machado y España
“Estos días azules y este sol de la infancia”... con su eco...
Hoy nos acercan el florecer de todas las Juventudes Igualitarias

Pausando mi Corazón, recorro aquellas utopías de momentos
compartidos al comienzo de nuestras vidas. Surgiendo el
florecer puro, del gentil compañerismo, en nuestro diario vivir
y los riesgos que corrimos. De los instantes de miedo y aquel
dolor tan... tan profundo, al perder un compañero, trayendo...
negros al mundo. Porque nos toco vivir una juventud bravía,
el camino elegido, ha marcado... ha marcado nuestras vidas.
Con libros como equipaje, yendo... yendo transitando vías
Hoy, nuestras caras resemblan el viaje que juntos hicimos
Y al encontrarnos, no importa, en cual rincón de este mundo
Una mirada refleja aquello... aquello que nos ha unido.

Porque todos conservemos... el talismán del futuro, en el
bolsillo guardado, como un tesoro seguro, en un papel muy
doblado, que al abrirlo esparza... “Estos días azules y este sol
de la infancia...” en ecos... de Universal Resonancia...
Iluminando... iluminando... por siempre...

Nuevas... puras... jóvenes... Almas blancas

...Proyectando Igualdades que neblinas traspasan

Estela de Marco (Beverly Hills)

Poemas de Colombia


MEMORIA

Estos días azules

y este sol de la infancia

en el pétalo pequeño de mi día;

recogen su inalcanzable huella

en un latido de promesas

que hoy caben en mi mano.

Paisaje que vuela de la ausencia

donde olvide los nombres…

de labios y de rosas;

agota de caricias las mañanas

y en la última hoja del espejo

me abandona en el silencio.

Evoco el atardecer:

la sombra destinada al amor

la transeúnte piel de la distancia

que mira sus parpados

y mueren en el viaje

como yo lo hago… poco a poco.

Carlos Camilo Torres García (Bogotá)


PLAZA DE MI PUEBLO

Estos días azules y este sol de la infancia
me viene a la memoria
la casa del abuelo
con sus secretos.
La plaza de mi pueblo
adoquinada color marrón.
Se mece el voluminoso árbol
sombra a la pareja enamorada.
Palomas se miran en la fuente
pétalos de flores flotantes.
Niños de manos dulces
plegando hojas de periódico
armando sus barcos
mojando las malas noticias.
Humo de la pipa del anciano
se eleva bordeando
la boina negra
disimulando su calvicie.
En la banca una mujer
teje a su coqueta amiga
largas trenzas
al guiño de ojo del soldado.
Plaza de mi pueblo
de sus esquinas
se descuelgan
calles largas y bulliciosas.
Con sus balcones de mecedora
y materas de geranios
enredaderas trepando
las grandes ventanas.
Perdiéndose en las canales
metálicas que brillan
en el crepúsculo de la tarde.
Escondido el nido
de la golondrina de mayo.
Llega a mi oído
el tañido de campanas
a la misa de seis.
Con su mejor vestido
la familia va presurosa.
La niña luciendo
sus zapatos nuevos
de charol negro.
Juegan con la mantilla
de la madre fervorosa.
El sonido de un tren
en marcha
y una lluvia silenciosa
me tornan
a mis sesenta y cuatro años.
En esta hoja y con mi pluma escribo:
“ Estos días azules y este sol de la infancia…..”

Cecilia Ávila Vásquez (Bogotá)




AYER NO ES HOY … HOY NO ES AYER

Estos días azules y este sol de la infancia

Sólo fueron entonces y ya nunca serán …

Se perdieron sin rumbo, olvidaron su gracia

y sus múltiples dichas nunca más volverán

Sólo quedan recuerdos y nostalgias sin fin

de momentos felices que nos vieron vivir

y que hoy ya en el letargo de una tarde muy gris

nos mantienen viviendo y muriendo a la vez,

en un mundo sombrío donde cuesta existir

porque todo se cubre bajo un mismo tapiz …

Se nos fue la esperanza y nos falta conciencia

Somos aves de paso que ya no volarán,

nuestras almas se apegan a una eterna falacia

donde el viento nos tira a una tierra que actúa de imán.


Ena del Pilar Quevedo Tobón (Medellín)


CLARIDAD TARDÍA

“Estos días azules,

y este sol de la infancia”,

estos arroyos fulgurantes,

este mar resplandeciente.

En pasadas ocasiones,

habéis detenido el viaje,

habéis cambiado la hora,

encandilado al piloto.

Habéis regresado tarde,

el cinturón está amarrado,

la maleta en sala de equipaje.

Llegó la hora de la partida,

nada regresa los impulsos,

adentro las luces apagadas.


Pedro Nel Niño Mogollón (Bucaramanga, Santander)







El viento de tus suspiros sobre la luna

Estos días azules y este sol de la infancia…
traen a mí un rumor de secretos inconfesables,
de amores que nunca nacieron,
de rocíos de primavera que nunca acariciaron mi piel
y de hojas que nunca soñaron con un río.

Estos días azules y este sol de la infancia
me recuerdan el afecto de tus ojos,
el camino turbulento hacia tus besos,
la lascivia colateral de tus labios entreabiertos,
la sinergia infinita de tu ávida mirada
y las cortinas sedosas de tu alma seductora.

Estos días azules y este sol de la infancia
me hacen preguntarme si es posible, acaso,
bañar toda una vida con una porción ligera
del mar de las palabras,
o si aún es posible tener uno de los gajos
del fruto de tu vida,
o por lo menos una breve pizca
de uno de tus suspiros.

Pero no, yo sé que en estos días azules,
coloreados con la claridad
de este sol de la infancia,
tus suspiros deben de andar por la luna,
que la vida no eres tú, sino un nuevo sol,
que los rayos del sol sobre el mundo
no son sino la sonrisa más extensa del universo,
que la luz de mis sueños tratan de atravesar
a toda costa la oscuridad de mis párpados,
que las estrellas son hermosas
y llenan de suspiros el silencio del universo
y que tu recuerdo,
frío e ineludible,
llena de suspiros
el silencio de mi vida.



Miguel Ángel Guerrero Ramos (Bogotá)
Seudónimo: Enrik S




Los días que no son los suyos


Porque dijo así: “estos días azules y este sol de la infancia…”

Yo digo, con el corazón en la mano y avanzando deprisa,

que en estos días míos solo bullen francachelas y sonrisas,

nadando en aguas doradas y respirando tiernas fragancias.

Hay para mí un palacio de cristal en los llanos de Artemisa.

Sí la serenidad prodigiosa de un mar sereno con su abundancia,

con cada fresco amanecer: la luz en la ventana y las brisas

que anuncian como campanas las nuevas de tu estancia.

Son todos los días contigo días azules de vetusta nostalgia

en donde no hay sombra ni perla diáfana ni dorada corona

y puede la vida andar en piernas de luz con la invisible magia

que no es sino del mágico Universo apenas una sublime morona.

Porque dijo así: “estos días azules y este sol de la infancia…”

Soy niño dormido en tu regazo y hombre en tus colinas,

Soy quien afila la espada y rompe entre los dos las neblinas,

quien no necesita de un futuro trazado por ninguna profetisa,

pues siempre en tus ojos queda evidente la primera premisa

que a mi favor está este cercano Horizonte de circunstancias.

Mista Vilteka

Felipe Mejía Medina (Bogotá)




Poemas de Chile


La Abuela


Estos días azules y este sol de la infancia

me hacen pensar en mi abuela,

la que vive dentro de una jaula azul

como una ninfa desilusionada,

estática como una estatua

como yeso opaco.

Los días se suceden alrededor de ella sin tocarla.

Cae el rocío, se derriten los cristales de nieve

y nada la toca.

Alrededor de sí misma

se emplaza una burbuja tallada a mano.

Una cúpula de cristal azul.

Todo resbala,

cae.

Y ella, estoica, de mirar parsimonioso.

Con las manos cogidas

en el delantal húmedo de caldos de papas,

vapor de zanahorias,

las manos cogidas, tan blancas,

hechas mosaico de café claro y naranja.

Sus rizos canos sin ondear al viento,

los ojos vitrificados pegados en el suelo.

El silencio eterno y

la conciencia

semiperdida entre ayer y mañana.

Sumida en la más absoluta soledad,

con las piernas sobre una silla.

Dejando que caiga la lluvia,

que siga cayendo,

que la célula envejezca

y llegue la noche,

de esa,

de la que no se despierta más.



Fabiola Andrea Vergara Silva (Octrava)




Poemas de Cuba


: Versos par el eterno caminante

Estos días azules y este sol de la infancia,

lejanos como el agua desbandada del Duero,

envestido en la efigie de andante caballero

te vieron tierra adentro por los campos de Francia.

Perdidas soledades en huertas de Castilla,

habitante de un mundo inicuo, traicionero,

que ha sido luminaria, milagro, misionero,

intrépido grumete de una infancia en Sevilla.

Es tan largo el camino, pasajera la vida,

caminante insólito que a lo duro y adverso

le perpetuó su huella y un sublime destino.

A pesar del dolor, del fuego en la partida,

salvado en la memoria queda el ardiente verso

y vengado serás de este tiempo asesino.

Agustín Ramón Serrano Santiesteban (Holguín)



Rompecabezas.

Estos días azules

y este sol de la infancia

son como un rompecabezas armado

una idea completa, una evidencia

el respeto a cada pieza.

Entonces Francia:

¿donde pongo las dudas

por lo aparente?


Gladys Caridad Álvarez Santos (La Habana)


PLAZA SEVILLA

llévame entre las dulces sustancias

que mueren cada día en tu memoria…

Alejandra Pizarnik

Estos días azules y este sol de la infancia

añoran los trenes en tu memoria

y los olivos recostados en el paisaje

inquebrantable de los pueblos blancos

y sin vanidad

el equilibrio de los sentimientos

indica la lógica amalgama de texturas

sobre los rieles y sus rituales

en la cotidianeidad de un turista

petrificado en los cristales y en los contornos

de la Alhambra

con una mano sin color

en la ventana

y varios puntos que conducen

a sentir la lluvia en el rostro.

Los días pasan y la casa se aferra

a las ramas de la plaza que penetran la habitación

a la voz grave de sus deudores

a los hilos de tu cuerpo enredados en mis manos

la piel suave disfrazada en youtube

complace a los cibernautas

la fobia a los videoclips

me retornan al andén

a mi provincianismo cienfueguero o gaditano

a la fragilidad de la nostalgia en La Habana o Madrid.

Amanecer en la corteza de los edificios

que taladran la mañana

en estéril añoranza de marionetas sin viento

a los suicidas asfixiados en el elevador

y su desesperación por naufragar

a la luz de las gaviotas

no es un intento de escapar a las pantomimas

y al enfado de las almas que vagan en busca

de pretextos para uncirte de inmortalidad.

Añoro la volátil sorpresa y la inocencia

del café vespertino

los versos y el lirismo en los atardeceres

de supervivencia y encuentros selváticos

disidentes en un paisaje que evoca salvar distancias

quizás esta costumbre de soñar viajes en trenes

y recorrer espacios en la memoria

fabrique un sendero por las plazas

y me convierta en uno de sus cómplices


Liosdany Figuera Marante (Cienfuegos)



Necesidad de ti

Estos días azules y este sol de infancia

ni los recuerdos logran aplacar, amainar, calmar

esta necesidad de ti.

Ni mi imaginación,

buscadora insaciable de los desafíos de tu boca

logra separarme de los escalofríos de la soledad.

Ni siquiera el soñar despierto,

me aleja de las inquietantes y amenazadoras

turgencia de tus pechos místicos

Si tú no estás a mi lado,

Por qué ha de haber cielo y estrellas.

Si tu vientre no me adormece ya,

Por qué los campos han de tener flores bellas.

Si tu aliento y jadeo ya no calman mis instintos,

Por qué ha de haber poesía entre los hombres.

Si tu cuerpo tibio y perfumado, ya no yace sobre el mío,

Por qué la Luna le es fiel a la noche

Si solo veo de ti destellos y sombras,

como un lenguaje de remordimientos,

y a ratos, como un loco, me pregunto

¿por qué en la Tierra florecen aún maravillas como tú.?

Palabras para ti

En una oratoria arrullada en una parábola

de frases hechas en cada segundo que te percibo,

que en un alarde de elocuencia arrogante

brotan de mis labios

como un soberbio monumento a tus encantos.

Plegarias no exentas de audacias, misterios y lirismos

que no se contradicen con la realidad

sutilezas sugeridas en tu inusitado colorido sonoro

como un gran emblema de la naturaleza humana

Oraciones escuchadas en silencio

soplo revelador, tal cual promesa

que solo debo cumplir en tu cuerpo

de una costumbre terrenal, refinada y delirante,

en un ser que observa exaltado

por vez primera la salida de la Luna llena.


Ricardo Enrique Gallego Díaz (Sancti Spiritus)


SUCESOS

Estos días azules

y este sol de la infancia

resurgen.

El olor del café

se tiende sobre la cama,

el aroma mi nariz

lo absorbe con ganas

de tenerlo en la sangre

la mañana se abre paso

tan de prisa,

que si no respiras a tiempo

el aire se volatiliza.

Las esporas de los árboles

danzan solas contemplándome,

la piel recibe más

que este sol que brama

las fauces del ruido

de la ciudad me tragan,

los sucesos del día

como cada instante

les doy la espalda.


Sandra Lidia Paz del Rosario (Santiago de Cuba)




Sin Título


Estos días azules y este sol de la infancia

han muerto sin barreras como lo quiso el destino,

perpetuo, ajeno de voluntades

cual molécula destinada a ser pensamiento

o un enigma en la virtud de otros.

Murió Machado una mañana de 1917

por la inalterable fatalidad de las cosas

y una bayoneta que penetró

el costillar de la razón e ignorancia

la verdad, los universos donde él se repite

como una maldición en el borde de la noche.

Murió en el ´45 con la voluntad de un salmo

y la frescura del rocío en párpados apenas visibles

que siglos atrás contemplaron el fuego en Troya

como anticipo de la pólvora y los rostros

que debemos olvidar.

Murió en Bayamo, París, Ginebra

o en cualquier ciudad donde existan letras

que recuerden su nombre

que transgredan la voz

que inmovilicen un atardecer. Ha muerto, sin dudas

para recordarnos que la vida es un círculo, una palabra de Dios,

un verso, la lluvia, el gusano y la seda,

dos cuerpos, el deseo, los vinos,

la ansiedad en el transcurso de lo cotidiano.

Lo mató la noche a sus espaldas

y los rostros del mundo

inclinándose ante él.


Yordanis Domínguez Báez (Granma)

Poemas de España


Nostalgia de juventud

Estos días azules y este sol de la infancia

me devuelven a la edad de mi hija.

Intento no pensar en los años que pasan

y mi alma se va arrugando

como un paño enjugado de llanto.

Observo las nubes que pasan

transformando el cielo celeste

en algodones de plata.

La lluvia comienza a caer

confundiéndose con la lágrima

que también asoma.

Estos días azules y este verano que llega

me transportan a la edad del juego.

Recuerdo los momentos vividos

y mi corazón se lastima

como un viejo libro por el uso.

Contemplo las cigüeñas que vuelan

como mis sueños en la mañana

y mis memorias con ellos.

La noche acude por el horizonte

mezclándose con la nostalgia

de un tiempo que quedó atrás.

Estos días azules y este sol que se apaga.


Blanca Oteiza Corujo (Vitoria)


SIRENA DEL MAR

Estos días azules y este sol de la infancia,

me hace recordar una historia de alta aristocracia.

En la Serena, extensa comarca extremeña,

se narra la historia de esta bella sirena.

De tradición marinera italiana es él,

De sangre noble andaluza su mujer.

Tenían una hija, con bonita sonrisa perlada,

rizos curvos de oro, tapaban su cara.

Años juntos de convivencia llevan ya,

tiempos muy buenos de alegre felicidad.

Tal como cuentan, felices vivían.

En gran finca moraban, que buena riqueza ofrecía.

Grandes fueron las ganancias, que allí pudieron juntar.

Trabajaron los campos, y pronto beneficios les dan.

Grande gozo sienten de ese idílico lugar,

miedo temen que algún día pueda acabar.

Enzo descansó, mientras la noche cayó.

Un sueño muy dulce tuvo, tan profundo se durmió.

1

Navegar océanos era su gran pasión,

hace años abandonó todo, por su dulce amor.

Si algún día volviera, a la mar marinera,

buscando iría a la más hermosa sirena.

De momento en tierra está, no tiene porqué buscar,

sirena terrestre tiene, con ella casado está.

Pero como toda historia no puede ser ejemplar,

a los pocos años, ella tiene una grave enfermedad.

Durante largo tiempo, Rosario descansó,

en su vieja cama ornamentada de su habitación.

Continuaba la vida sin razón de Dios,

ya no funciona la fórmula del buen amor.

Invierno blanco de frío y turbia lluvia llegó,

dejando el campo triste, de ausencia quedó.

Colores llegaron con la dulce primavera,

bonita época para mejorar Rosario de su espera.

Pero en el verano seco de la estepa extremeña.

El cuerpo y su alma, ya no tienen espera.

Tiempo de penas llegan, dando paso a la soledad.

No hay forma alguna, de poder mejorar.

2

En otoño, Enzo sale a la mar, en busca de otra alegre sirena;

con quién volver a la felicidad.

Tras largos años de gamas azules de mar,

vuelve a tierra a desembarcar.

Ya ha entendido que no tiene porqué más rebuscar.

Siempre ha tenido cerca, la sirena del mar.

En tierra firme está, claro lo tiene ya.

Joven hija, sirena es, su futura eternidad.


Diego López Gálvez (Don Benito-Badajoz)


DIAS AZULES Y SOL DE MI INFANCIA (Poema Ganador del Concurso)


Estos días azules y este sol de la infancia
son languidez y añoranza en mis ojos,
ahora los días se enturbian
en mi memoria cansada.
Estos días azules y este sol de la infancia
ya son “ésos” que sólo permanecen vivos
como ecos en mi permanente recuerdo.
Hoy, mi torpe pulso quiere escribir al pasado
y acercarlo al presente
para empaparme de colores vivos,
del sol brillante, juguetón, amoroso,
que maquilla de rojo pasión el horizonte
e incendia las vedijas.
Ese sol de la infancia,
el que llenaba los patios blancos de Sevilla,
fue el mismo que el de mi juventud,
que amarilleaba las espigas maduras,
más si cabe, y las doraba.
Antes las irguió, cuando verdes,
como lanzas hacia el cielo, altivas,
manifestándose sólo en posición reverente
cuando eran mecidas por el céfiro indolente.
Y es que el sol de mi infancia
no se fatiga nunca:
es el mismo que sigue dando brillo
a los lingotes de oro de paja
en los vastos campos de Castilla.
¡Ay sol y Duero!, ¡Duero y sol de mis amores!
¡Cómo los rayos pintan de color tus aguas
formando tornasoles en la superficie,
grácil, suave y ondulada.
Tus aguas parecían melena suelta de doncella
de pelo ondulado e irisado,
o el plumaje del cuello de torcaces y arrendajos.
Hermosura plena.
Hermosura nacarada en la piel del agua
que mece tu corriente serena.

Hoy mi vista cansada recorre en la memoria los senderos,
las curvas de ballesta del Duero,
los pájaros canoros en tus orillas,
orquesta de violines, flautas y liras,
que saltan de retamas y majuelos
salpicando el rostro del firmamento
pífanos que acompañan tu rumor casi silencioso.
Pero a mi memoria no sólo llega el Duero,
recuerdo las calles de Soria, los balcones de flores,
los trinos de las oscuras golondrinas,
quizás venidas del sur, las de Bécquer,
los campos salpicados de amapolas,
repletas de sangre sus corolas,
el zureo de palomas, los maullidos de gatos en celo,
el zumbido de las moscas, inevitables golosas,…
Y es que todo …todo bulle en mi efervescente recuerdo.
¡Todo lo de mi Soria querida!
Esos días azules me acercan
a mi primer amor: mi dulce y joven Leonor.
Mujer que me hiciste ver
todavía más azules, los días azules.

y los verdes, más verdes,

cuando los montes explosionaban
en primaveras de soles.
Juntos, vadeábamos caminos
para ver madrugar en los pinares la mañana,
en la Soria fría. Y tú, sol de mi infancia,
besabas de sus agujas el rocío
que eran perlas que ornamentaban su atavío.
También me enseñaste a descubrir colores,
que brillaban más con el sol juguetón de mi infancia
unido con tu sol de amor. ¡Soles de ingenuidad
y de deseos encendidos!

Y en una de las primaveras
con la savia y nuestra sangre alterada,
emergimos del túnel de la hibernada,
bullendo frenéticamente al compás de la savia.
Nuestro amor surgió arrebatador,
por generación espontánea,
en uno de los anaqueles
de la estación más florida,
como lo más sutil, exquisito
y puro de la quintaesencia.
Iluminado por ese mi cielo azul
que también era tu cielo
y por ese sol de mi infancia
que querías atrapar entre tus dedos.
¡Alquimia de días azules, de sol de la infancia,
de pétalos, corolas y hojas!
La magia nos ayudó a cruzar el umbral de una esperanza:
que el sino nos uniera
para calmar el ardor de muchas primaveras.
Pero no fueron muchas, y, prematuramente,
la crueldad del tiempo te arrastró,
¡mi querida Leonor!, a la tierra de Dios sin patria.

Hoy me envuelven aquí los recuerdos,
y sobre esta hoja en blanco los escribo
desde Colliure, pequeña población marítima
de intacta calma en el Rosellón francés.
A veces, el mediterráneo, me devuelve
los días cerúleos y el sol de mi inocencia.
Pero hoy, justamente hoy,
sus rugidos enfadados
no son como el rumor del Duero.
Sé que pronto me arrastrarán sus aguas
a ese confín donde se perderán
los días azules y el sol de mi infancia.


Isabel García Viñao (Jaca-Huesca)
SEUDONIMO: ARIADNA


MI INFANCIA

Estos días azules y este sol de la infancia

La sonrisa en la boca y la sal en los labios

La mar, siempre la mar, que esculpe furtiva

Diamantes y perlas en mi cuerpo de infante

La mar, siempre la mar, que me esconde

El tesoro inmortal de su estirpe divina

Un coral, una concha, un diablillo de plata

Una corona en espiral enterrada en la roca

Estos días azules y este sol de la infancia

Estas noches de luz y esta luna de escarcha

El recuerdo inmortal de las costas de Cádiz

El ejército de nubes que en el cielo se alza

La mar, siempre la mar en mi infancia.

Iván Fernández Frías (Santander)


ESTOS DÍAS AZULES (Poema Finalista)

Estos días azules

y este sol de la infancia

son el pan de la marcha,

del respiro la savia.

Mantienen mis pies de

barro despabilados

las centellas de un sol

que en invierno es de mayo,

y surge entre la sierra

la candela del alba

y despereza los

ojos y ríe y calla.

Estos días azules

y este sol de la infancia

son del viejo el vigor

y del sabio la rabia.

El viento tempranero

se cierne en gesto grato

bajo la suela ajada

de mi zapato ajado.

Respiran mis harapos

de pobre peregrino

al aliento alado

que del norte ha venido.

Estos días azules

y este sol de la infancia

son la paz de la guerra,

de lo malo la gracia.

Sobre mí ya despuntan

aves de níveas alas

dichosas de llevar

las cargas liberadas.

Vuelan saciadas de

elegancia y soltura

como hacen los hombres

que caminan sin ruta.

Estos días azules

y este sol de la infancia

acompañan la senda

de mi alma solitaria.


Javier Osorio Piñero (Barcelona)




El último viaje hacia el olvido

Estos días azules y este sol de la infancia,

alegraban su corazón herido y su triste alma,

sus ojos brillaban en la sonrisa del semblante,

su tez curtida por el paso de los años,

sus manos encallecidas por el arduo trabajo,

manos que se aferraban al sustento del báculo,

su lánguida mirada recorría el horizonte añil,

buscando los recuerdos perdidos,

sus pensamientos ligeros de equipaje,

en un viaje sin retorno viajaron a la infancia,

vocablos entrelazados en la incoherencia,

los recuerdos se iban desvaneciendo,

se fundían como la blanca nieve en primavera,

ya apenas recordaba el nombre de sus hijos,

ya apenas recordaba donde se hallaba su morada,

ya apenas recordaba el nombre de los anónimos objetos,

retratos de la divina juventud que se fueron borrando,

mente marchita que abandona a su efímero cuerpo,

mente marchita como flor en el gélido invierno,

mente fatigada que se desprende de sus conocimientos,

mente sumida en la vacía sombra del cruel olvido,

ojos locuaces y labios enmudecidos,

cuerpo que se degrada en su longevidad,

dolor de un anciano esqueleto carcomido,

se aproxima el último viaje sin equipaje sin recuerdos,

cuerpo y mente que se rebelaban a la esclavil coherencia,

mente que se subleva a la razón,

llanto de infancia de la mente vetusta,

una lagrima fugaz que recorre la mejilla,

sueño desvelado en la triste oscura noche.

Alma alegre de una vida vivida,

alma alegre de la última meta ignota,

cuna y sepulcro separados por la vida,

rostro atezado dolorido bajo el cielo azul,

rostro atezado sonriente bajo el cielo azul,

la edad corvaba su espalda al igual que la fragua el frío hierro,

pasaba las horas contemplando la vacía sombra,

pasaba las horas buscando los recuerdos arrebatados,

dormitaba en el silencio de su mente,

despertaba salmodiando una letanía,

con sus tristes ojos buscaba el fugaz saludo,

su hija le atusaba su plateado cabello,

palabras de cariño le reconfortaban el alma.

José Mariano Seral Escario (Huesca)




LAS DOS HERMANAS

Estos días azules

y este sol de infancia,

tienen unas noches

con sueños de elegancia.

Las dos hermanas duermen

cara a cara, pecho a pecho,

quien pudiera coger flores

de este jardín tan estrecho.

Las dos hermanas visten

ropas de terciopelo,

medias de encaje

y zapatos negros.

Las dos hermanas tienen

marido e hijos bellos,

son ellas las que hacen

lo que no hacen ellos.

Las dos hermanas lavan,

cosen y planchan

las ropas blancas,

y de color bermejo.

Las dos hermanas pintan

habitaciones y puertas,

con barniz , brochas

y pinturas sueltas.

Las dos hermanas cocinan

tengan o no gana,

sábados, domingos,

y demás días de la semana.

Las dos hermanas son madres

de niños pequeños,

revoltosos y traviesos

como “Rompetechos”.

Las dos hermanas lloran

a sus antepasados muertos,

sus vidas, recuerdos

y todos sus hechos.

Las dos hermanas cantan

todos los días del año,

sea primavera , otoño,

invierno o verano.

Las dos hermanas ríen

cuando están alegres,

menos de lo que quieren

y por cosas diferentes.

Las dos hermanas cultivan

plantas en sus macetas,

rosas, tulipanes y claveles

son sus cosechas.

Las dos hermanas compran

bebida, carne y enseres,

pero no pueden comprar

marisco y percebes.

Las dos hermanas limpian

todas las habitaciones,

con escobas, fregonas

y recogedores.

Las dos hermanas sueñan

con tener perfumes y joyas,

para poder así mostrar

su elegancia y belleza.

Las dos hermanas viven

en casas muy modestas,

sin jardines, sin piscinas,

ni muchas cestas.

Las dos hermanas

son dos mujeres,

que sueñan y viven

con sus quehaceres.

Las dos hermanas

se hablan y se miran,

con cariño, amor

y mucho afán.

Las dos hermanas

siempre llegaran,

por aire, tierra o mar

a algún sitio o lugar.

Las dos hermanas

poco a poco se van,

a alguna otra historia

podernos contar.

Las dos hermanas,

fueron, son y serán

las dos hermanas

que siempre se querrán.

Josep Manuel Segarra Bellés (Quart de Poblet-Valencia)

Seudónimo : BORRASCA




Estos días azules y este sol de la infancia

se acercan tímidamente

acariciando mi cara

sereno sol cual de estío

que desordena mi alma

mientras sigo andando caminos

sin retornar nunca a casa.

Aquellos patios barridos

de tantas hojas de parra

corriendo entre tantos niños

con olores de mañana

escondiéndome entre sayas

de aquellas matronas de antaño

que entre paños te arropaban.

Esos días han vuelto

y yo vuelvo a recordar

aquella infancia dorada

que nos hacía vibrar.

Esos días azules

que un día tornaron grises

cuando los hombres olvidan

de la infancia sus matices.

Días enmarañados

que vuelven de nuevo a mí

resurgen de muy adentro,

de nuevo siento vivir.

Tristeza abatida en calma,

de esos días repetidos,

inflando grata esperanza

de ver un sueño cumplido

de poder volver a casa.

Este sol de la infancia

que vuelve a salir de nuevo

se esconde entre nubarrones,

a veces me trae recuerdos.

María Dolores Pérez Martínez (Moratalla-Murcia)


La ánfora

Estos días azules y este sol de la infancia...

Emprendo este viaje en la recta final del difícil invierno.

Cojo la hoja de ruta, y me dirijo a la bahía de los marineros,

Y me desplazo al delta del río,

Para explorar el vulnerable polo norte que es tu cuerpo.

Observo fenómenos visuales en la atmósfera y en la espectacular aurora.

La dispersión de la luz del circulo polar antártico se refleja

En el espejo del tiempo bajo amenaza de lluvia.

Obnubilado, hundido en la desesperación,

Quisiera borrar los inasequibles versos que llueven de tus labios.

Tórrido ramillete de agua pura, crisol de color.

Se despereza el recién estrenado y travieso mágico azul.

La esencia atrapada en la periferia

Surge arañando la enlutada noche de tus pupilas.

La culminación de la imaginación desnuda de un paraje de otra galaxia,

Que confluyen en el ombligo de mi mundo.

En territorio deslizante e imposible se enciende el presente y el futuro.

Cierra los ojos y déjate arrastrar por el hechizo de un millón de estrellas,

Que por orden mía van a robar todos los poros de tu piel.

Alójate en la habitación del silencio, abre la maleta del atardecer,

Donde guardo la intemporal ánfora donde conservo

El calor de la fugitiva y vacía ceniza del hemisferio izquierdo,

Y tantas cosas que por falta de valor no te dije,

Y me siguen quemando para el resto de mi vida...


María del Pilar Redondo López (Córdoba)


LA MEMORIA DEL ESPEJO

Estos días azules y este sol de la infancia

que pernocta en la noche de mis regresos,

como si no hubiese pasado el tiempo

a zancadas. Y sublimes, me zarandean

delicadamente, la memoria en calma,

me desnudan, tú sabes lo que es eso;

volver, con los ojos cerrados

a mirarte en el espejo de la inocencia.

Volver, como el cuerpo detenido

en un aljibe de luz, rebosante y sediento.

Tú, Sol, eres la misma cadencia

de aquellos interminables veranos,

que terminaron

con un beso a sorbos, tan pronto. Tanto.

Luchar, por conservar el remanso de la niñez.

Que no se diluya entre pliegues desertores,

o entre los años del envés de la vida.

Recordar. Acordarme que viví

Hace siglos bajo aquel cielo. Este mismo.

Y saber, que si algún día se nubla mi horizonte...

simplemente habré de imaginarte

para tornar de nuevo

a esos días azules, a este sol de mi infancia.

Mercedes Jurado Chía (Gilena-Sevilla)


Edén Perdido

"Estos días azules y este sol de la infancia"

no escucha mi voz sonámbula,

grito y anido en tus ojos.

La memoria ingrávida

no perdona.

Sólo percibo

un corto gemido.

Busco fehaciente en tu piel,

y coso los pensamientos.

El luto de la tarde

me convierte en edén

de invierno.

Sin fanfarria, sentado

en el exilio,

sólo encuentro hermetismo.

Tus lágrimas ya no tocan mis pies.

Tu sangre, ya no late en mi pluma.

Corto hilos pasados

entre incienso y azahar.

Ahora,

el aire acaricia mi cara

hasta rozar el duro asfalto.


Óscar Rodrigáñez Flores (San Sebastián de los Reyes-Madrid)


DESCALZA

"Estos días azules y este sol de la infancia",

Llamas hoy a mi puerta, pides pero no das

entrega de presencia, solo estás. Creo sentir tus

pisadas en mi casa.

Descalza sobre el suelo de terracota danzo

e invoco sabores de tréboles y laurel, círculos

y luz de antorcha te dan el pasa-manos de mi

escalera.

¿Austeridad ó magia de Morgana y Cuza?

Tu amor recorre mi ser, mientras mi gata

Luna juega a mis pies. Tu cuerpo me da sombra

y calor. En mi cocina llenas de frutos mi loza

de barro. Tus brazos protectores y recios dan

cálida luz a mis deseos y desengaños en un

minuto.

Pilar Sastre Tarduchy (San Sebastián de los Reyes-Madrid)


Aquella playa

Estos días azules y este sol de la infancia,

Recuerdan a una playa que una vez soñé:

Si paseo conociendo la sutileza de la arena,

Como si hablase con cada puñado que me roza,

Sin ser un marinero que habla con el agua,

Ni el dueño entregado que abraza a su perro.

Si lanzo la mirada hacia ambos lados,

Separados por un horizonte mojado

Que no se cansa de sonreír cada día

Para descansar en forma de olas cada noche.

Si en esa playa que invento conmovido

Por las ganas de pasearla junto a ti,

Aparece de esas olas el genio de la lámpara,

No quiero riquezas ni lujos baladíes.

Sólo deseo en un mundo de arenas cómplices,

Dibujar cercanas las huellas de tu camino.


Rafael Ayerbe Algaba (Espartinas-Sevilla)


[SIN TITULO]


Estos días azules y este sol de la infancia
me llevan a ti, sin destino ni sombra.
[En caricaturant de l'oubli
tous mes amours qui nous inondaient.]
Traje un jilguero auxiliándome
desde el papel a la anestesiada boca...

De su lirismo canto magistral
se hundía el abismo en una canción inacabada.
[¡Vous ne trouverez jamais plus bondad
en un être tellement diminuto!]
Ajeno al odio, envidias o resquemores.
Exento de maleficios y oportunos conjuros.

Ya no importan esos caducos florecimientos,
mientras aguardemos milagros
indagando las soledades del mundo…
(¡Cuántos secretos guardaron tus últimos silencios!)






Podrían revelarnos y aún te asaltarían críticas.
Sofisticadas inspecciones de iracundos.

Aunque no importa, aún quedamos escurridizos
pajarillos alabando tu obra y destino.
Que de tanto deseo, seguiremos alzando los vuelos
encontrándonos contigo, a nosotros mismos
en estos días azules,
bajo un sol que siempre nos acompaña
como pueriles recuerdos entre las nanas maternas...


Vicente Gómez Quiles (Castellón)




Allá donde habiten mis recuerdos


Estos días azules y este sol de la infancia
traen a mi memoria los juegos infantiles
en los que todo valía.
La regla más importante era
sonreír.
Ahora vuelven esos tonos,
calmados, sosegados,
que entran en mi vista con total
naturalidad, y,
contemplo el horizonte.
El azul se pierde más allá
del alcance de mi mirada.
Tal y como nuestro destino.
Allá donde termine este azul y este sol,
allá donde habiten mis recuerdos…
allá será donde mi alma deba regresar,
para poder descansar en paz.
En el mundo del recuerdo es todo hermoso,
y hermosos son los días que ahora vivo.
Cuántos serán…eso ya se verá.
Pero lo que sí haré, será disfrutar…
Pues la vida es tan efímera
como los rayos de este espléndido sol
del que ahora relajado disfruto.
Como lo hice tantas y tantas veces,
en mi niñez, juventud y madurez.


Yaiza Lujua De Cáceres (Bilbao)


DULCE ESPERA

Estos días azules y este sol de la infancia me encuentran

tumbada sobre mi manta suave y extensa bajo el gran cerezo,

mientras escucho el sonido de los pájaros y un caballo a lo lejos.

Estos minutos blancos, llenos de espera e intriga,

Los lleno bebiendo té y mirando la montaña verde,

Falta poco para que vengas, muy poco.

Estos segundos rosas pensando dulcemente en ti,

Mientras tú recorres los kilómetros ,

Los cientos de kilómetros que nos separan…

Ya te siento. Estás cerca. Ya vienes. Ya llegas.

Verónica López Fernández (Villablino-León)




Retorno a la edad de la inocencia

“Estos días azules y este sol de la infancia.”

Antonio Machado

Estos días azules

y este sol de la infancia.

Retorno a soles que

construyeron la edad de la inocencia.

Retorno a la tormenta

envuelta en lluvia plomiza y hojarasca,

a todos los caminos encharcados

devolviéndole al cielo su mirada.

Retorno a aquella piel embadurnada

de placenta,

a la boca sin dientes impoluta,

a la mirada limpia,

a los pies sin zapatos,

a sueños de corderos como nubes,

de las nubes como alas,

y a un pecho latiendo trémulo junto

a la mejilla blanda.

Retorno a la bondad fiel sin fisuras,

al origen del alma,

si existió alguna fuente del origen,

comienzo de la nada.

************************************

Antonia Toscano López (Ronda-Málaga)




Machado, eterno y azul

“Estos días azules y este sol de infancia”
murieron en su bolsillo de invierno,
y, sin quererlo,
van corriendo tras los versos del poeta,
sellando físicamente una historia,
perenne en la mente del mundo.


Estos días azules y este sol de infancia
viven rezagados, invisibles, añorados,
luchando por sobrevivir
en los días aciagos de tormenta
y sufrimiento;
para hacer de cada día la aventura
del recuerdo.

“Estos días azules y este sol de infancia”…

Estos días azules y este sol de infancia,
fueron y son míos
desde versos irrepetibles
y mil rayos ausentes y cercanos
de inmensa luz y palabra.

Blanca Uriarte Fernández de Pinedo (Vitoria-Álava)